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Mostrando las entradas etiquetadas como Azafrán

Brebaje curativo II

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La pelirroja alargó el brazo hasta poder remover dentro de una pequeña caja de ébano. Si tenía suerte, quizás todavía quedase algo… TinHinan tenía la vista perdida y no reaccionó hasta tener justo delante de las narices el trozo de chocolate que Azafrán le tendía. Le sonrió al cogerlo y le dio un bocado. - No estoy nada acostumbrada a estas… atenciones. He estado toda mi vida rodeada de tíos y lo más bonito que han hecho por mí cuando tenía la regla ha sido evitarme como si estuviese apestada – Azafrán también comía chocolate. - ¿Por eso me tratas así? Qué pregunta tan incómoda. Azafrán había sido especialmente dura con ella y en aquel instante se sentía fatal por ello. - ¡No! Bueno… no sé. Supongo que te trato así porque soy desconfiada en general. Además, no estoy acostumbrada a… fiestas de pijamas de chicas y cosas así, ¿sabes? Tin Hinan volvió a guardar silencio, como perdida en sus propios pensamientos. El ambiente en la habitación había cambiado radicalm...

Brebaje curativo I

Azafrán apoya la pálida luz de su linterna por el suelo del transbordador espacial. Lo conoce como la palma de su mano: cada desnivel, cada esquina, cada escalera… y sin embargo siempre hay que tener cuidado. Las sacudidas y las maniobras bruscas a menudo dejan caer objetos al suelo: mangueras eléctricas, cajas, un vaso. Es algo imprevisible. Incluso los muebles atornillados se sueltan. Un campo de batalla con gravedad artificial por el que avanza, dirigiéndose hacia el dulce ronroneo del motor. Un giro a la derecha y ya está dentro de la pequeña salita de los trastos. Es el lugar ideal para encontrar la tontería perfecta para matar las horas de insomnio y olvidar el dolor por un rato. Un libro, un videojuego o un viejo cuaderno; cualquier cosa mejor que quedarse dando vueltas en la cama. Palpa el panel derecho y en un momento se hace la luz, pero antes de que sus pupilas puedan contraerse ya sabe que no está sola. Sólo necesita unas décimas de segundo para dejar caer la linterna y...

El pasado militar de una piloto

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Azafrán: Tú no sabes nada. No tienes ni puta idea. TinHinan:  Oh, claro que sé. Sé más de lo que piensas. Llevo una semana encerrada con vosotros. He visto, he oído. He aprendido. Azafrán: ¿Sí, en serio? ¡No me digas! ¿Y qué coño se supone que te crees que sabes? TinHinan:  La muchacha sin nombre a la que su compañero llama Azafrán. Él no lo sabe, pero no pudo estar más atinado al escoger tu nombre. ¿Lo hizo porque tienes el pelo de color naranja? ¿O porque eres una especia rara y amarga, difícil de conseguir, pero cargada de beneficios inimaginables para aquellos que te buscan y tratan con paciencia? Te he visto pilotar, Azafrán. He visto cómo… mueves esta cafetera vieja y austera. ¿Dónde pudiste aprender a volar con una maestría así? Sólo en el ejército. Obviamente, no hay academias de vuelo civiles capaces de formar a una piloto como tú. Azafrán: Oh, estupeeeeeeendo. Serví al ejército, como gran novedad de la tarde. TinHinan:  Por eso vas ta...

Tágrada, ¿qué comes?

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Rischa: ¿En serio no quieres probar la brocheta? Eso que comes tiene tan mala pinta... ¿qué demonios es, aire hervido en agua sin sal? TinHinan: Si pudiese vivir de agua y sales minerales sería una planta... y no es el caso. Como muchas más cosas, claro. Os sorprendería la cantidad de cosas que puedes comer sin tener que quitarle la vida a nada. Coger fruta no mata al árbol, tomar leche no mata al animal… Azafrán: Entonces, técnicamente… podrías arrancarle una pata a un cangrejo y comértela, ¿no? TinHinan:  Ser tágrada no es una religión, y por eso no nos permitimos llegar a ese tipo de límites que rallan el absurdo. Esto es una elección moral, totalmente voluntaria y fuertemente ligada a la no violencia. Quiero decir que… no mutilaría a nadie para comérmelo. No somos extremistas chalados movidos por lo que decimos que dice una voluntad superior. Simplemente respetamos la vida. Es sencillo. Rischa:  ¿Y si nunca has comido carne, cómo sabes que n...

Una luz en la oscuridad

Parecía que hubiese pasado una eternidad desde aquel día. El día en que Fittz y ella se escaparon hasta las fraguas. Su padre les había prohibido que saliesen del pueblo, que se había convertido en un campamento de refugiados atestado de gente. Les había prohibido que saliesen, pero se habían ido igualmente. Las cosas estaban calientes, según decían los adultos. Calientes como las propias fraguas. Al menos cuando éstas funcionaban. Llevaban paradas desde que comenzó todo, y la actividad y el revuelo de los extraños que ahora abarrotaban los alrededores, había sustituido al alboroto de los trabajadores que se levantaban al alba para ir a las minas. El aire ya no olía a metal fundido, algo que echaba terriblemente de menos, pues era su olor favorito en el mundo. Ahora todo le llenaba la nariz con un hedor repugnante. A enfermedad… y otras cosas desagradables. Lo notó aún más cuando llegaron al origen, y casi tuvo que cubrirse la boca con la mano para no vomitar. Tenía el estómago ...

Haciendo amigos

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*   * *   * Rischa:  Perdí a alguien… a alguien muy importante. Rischa:  A una chica que lo era todo para mí. Azafrán:  ¿Y? Rischa:  ¿Perdón? Azafrán:  ¿Y qué? Rischa:  ¿Cómo que “y qué”? ¿Qué coño quieres decir con eso? Azafrán:  Perdiste a alguien, muy bien. ¿Quieres una puta medalla por ello? “En honor al que se quedó en tierra, mártir y solitario”. Rischa:  ¿QUÉ? ¿Pero de qué coño vas? ¿Cómo te atreves a hablar así? ¡No tienes ni idea…! Azafrán:  ¿En serio crees que eres el primero del mundo que ha perdido a un ser querido? ¡Despierta, gilipollas! Vives un jodido universo que es infinito, donde cada día un hombre mata a su mejor amigo por una mujer, una persona buena muere triste, sola y humillada. Donde hay guerras, hambre, dolor y miseria. ¿Crees que TU historia es mucho peor que la de los demás, que los planetas giran a tu alrededor llorando tu inconsolable pena? ¡Despierta! A nadie l...

Cuando nos conocimos

Rischa: La verdad es que no me llamó mucho la atención que se metiera. No era ni de lejos la primera vez que veía a un “espontáneo” meterse en medio de una pelea que ni le iba, ni le venía. Algunos eran héroes, otros buscabullas. Pero todos necesitaban urgentemente comprarse una vida. Una para ellos. Una para dejar de meter las narices en la de los demás. Azafrán: No sólo se había llevado la del pulpo… joder, esos tíos empezaban a ponerse demasiado cariñosos con él, ¿entiendes? Y no iba a dejar que abusasen de aquel tipo en mis narices… no, joder, ni de puta coña. ¿Sabes lo que dice de ti que seas un tipo grande y te cojas a dos amigos para meterte con alguien más débil y pequeño que tú? Que eres un cobarde de los putos cojones. Todo pasó muy deprisa. Supongo que porque me pasé demasiado tiempo pensando cómo abordar la situación y se me hizo tarde para actuar de forma racional. Sin darme cuenta, me planté allí tras un par de zancadas y empujones. Aquel tipo grande y grasient...

Una más

Azafrán volvió hacia aquél rincón en el que la médico seguía hablando entre susurros ininteligibles de otra lengua con su reencontrada compañera artificial. La loba observaba el reencuentro expectante, meneando la cola. - Verás, como bien ha dicho mi compañero, la idea de quedarte aquí es candidata favorita a la peor idea del siglo. Te buscarán y te encontrarán sin problemas. Esconderte aquí y entregarte es la misma mierda. Y, si no quieres eso, deberías venir con nosotros. Somos tu única opción – Azafrán sopesó por un instante el sentimiento de duda que le devolvían aquellos ojos turquesa sin pupila –. Sí, sé lo que piensas. Podríamos detenerte y entregarte. No es que sea una idea sin fundamente, pero no son esas nuestras intenciones en estos momentos. Tendrás que darnos un voto de confianza. TinHinan agachó la cabeza, sacudiéndola en un gesto poco convencido. - No tengo nada que ofreceros a cambio. Na-da. No quiero estar en deuda con… - ¿No eres médico? – Rischa se a...

El paradero de la mujer azul

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Sacar información acerca del paradero de la mujer azul a la que llamaban TinHinan no había sido cosa fácil. La mayor parte de Lond permanecía aislada por cuarentena, y en el pequeño puerto espacial que quedaba abierto a extranjeros, sanos y equipos de ayuda nadie parecía saber nada. Nadie excepto aquel chaval. Azafrán lo había sabido nada más preguntarle: mejillas lívidas, mirada errática, parpadeos convulsos. Una mentira. Mentía cuando decía no saber de quién hablaban. Y no estaban dispuestos a dejarlo ir sin más… por fortuna, reconoció a la pequeña droide blanca y su mera presencia pareció bastar para convencerle de que el grupo no buscaba a la famosa TinHinan con malas intenciones. Al parecer, su desinteresada humanidad había despertado tantas simpatías entre el vulgo como hostilidades entre aquellos que ahora la buscaban para juzgarla. En cualquier caso, su índice de popularidad no era asunto de ellos. Al parecer, estaba en una estación de repostaje, a apenas cuatro horas de...