jueves, 28 de octubre de 2010

Las lobas

Una pareja dominante y sus cachorros eran el núcleo del grupo. Nieve pertenecía a un clan pequeño y primitivo de lobos, pero tuvo que marcharse cuando nació su hermana. Escarcha nació pequeña y débil (años más tarde algún médico le detectaría un problema congénito en el corazón). Nadie estaba allí dispuesto a cargar con el peso de sacar adelante un cachorro enfermo. La hembra alfa no tenía ninguna misericordia para aquella hermana bastarda de sus hijos. Su propia madre se sentía avergonzada y no estaba dispuesta a invertir su energía en una cría sin garantías de salir adelante.

Sin embargo, Nieve estaba encantada con ella. Había esperado muchos años a que hubiese en su familia alguien de su nivel, que no fuese simplemente su hermano de padre como todos los demás. Además, era tan dulce y chiquitina que despertaba en ella un prematuro instinto maternal, con esos enormes ojos dorados y las atentas orejitas peluchosas.

Pasaba el tiempo y las cosas parecían volverse cada vez más contra la pequeña. Estaba claro que su flaqueza no era algo pasajero, la niña era de salud frágil y los individuos enfermizos son un punto débil que el grupo no se puede permitir.

Una noche, antes de que se deshiciesen de la pequeña, Nieve la cogió y huyó con ella en un arrebato de rebeldía adolescente. Se adentró en el bosque con la niña en brazos y siguió caminando, durante largo tiempo. No tenía intención de volver. Atrás quedaban sus padres, su territorio y todo lo que hasta entonces había sido su vida. Pero no estaba triste, es más, llevaba el corazón alegre y el paso ligero, ansiosa por descubrir lugares nuevos, por hacerse con su vida y ver qué le esperaba más allá, al otro lado del horizonte. No tenía miedo de nada, estaba en la cumbre de la cadena alimenticia. Había oído hablar de lobos solitarios y estaba segura de que se las arreglaban bien para sobrevivir. Además, ella no estaba sola. Escarcha le daba trabajo suficiente como para estar entretenida. Cambiaba caza por leche en los mercados mientras la pequeña caía y recaía, aunque siempre conseguía recuperarse. Nieve estaba convencida de que todo lo que le faltaba de salud lo tenía de ganas de vivir, y ella iba a ayudarla.

Juntas sobrevivieron mucho tiempo. Había rachas mejores y peores, pero siempre salían adelante. Llegaron a pueblos perdidos, a aldeas encantadas, atravesaron también bosques viejos y profundos, olvidados y jamás surcados por las rutas del mundo. Conocieron animales nuevos, y también los probaron. Algunos recordaban a cosas conocidas y otros eran seguramente criaturas aún por descubrir y catalogar. Encontraron personas amables, personas hurañas, e incluso se cruzaron con otros lobos solitarios.

Hasta que un día se toparon con el lobo que les habría de dar de nuevo un clan en el que serían bien acogidas…

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