jueves, 28 de octubre de 2010

Eins



Hoy en día casi cualquier sociedad civilizada que se jacte de tener el más mínimo amor hacia la razón, el empirismo y la ciencia, ha de reconocer la teoría evolucionista.Atrás queda el creacionismo, irrefutable por su carencia absoluta de base científica. Atrás queda Lamarck con su idea de que la función hace al órgano.

Darwin en el XIX habló de selección natural, de adaptación y supervivencia de las especies. Realidad o herejía; ya poco importa. La llamada Síntesis Evolutiva Moderna nos explica cómo y de dónde viene el hombre. Una larga cadena incompleta de nombres de distintos homínidos une el ahora con el pasado.


Pero antes, mucho antes de la llegada de las luces, del oscurantismo de la Edad Media y del nacimiento de Cristo, el ser humano ya había escrito sobre sus orígenes. Hombres que sabían de cirugías imposibles, sabían que la Tierra era redonda y giraba alrededor del Sol, midieron distancias inimaginables sin instrumentos, sin tecnología moderna.

La evolución nos habla de un progreso. La involución, de una degeneración de la especie. Platón nos dejó escritos sobre hombres alados antes de que nadie conociese los ángeles; otros muchos hablaron de una era en la que gobernaron los gigantes. Padres de la humanidad, seres superiores… dieron todo su conocimiento y de ellos ya no queda nada.

Bueno, eso no es del todo cierto. Queda uno… el primero, el último, el único: Eins.

Quedo yo.

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O... así estaba la cosa hasta que conció a Tito Jr. y tuvieron dos preciosos hijitos. La niña mayor es una chica normal, pero el chibipequeñitou salió exactamente igual a mamuuu ºOº!!!

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