El cordero perdido
Anteriormente... El trabajo de Osen *** *** *** *** *** La tormenta empezaba a volverse más violenta cuando lo oí por primera vez. Alto, agudo y desgarrador. Un grito capaz de abrirse paso entre la lluvia y el viento, una vez tras otra. No me fue difícil seguirlo hasta la orilla del río, donde la encontraba la pequeña maraña de algodón sucia que lo emitía. Y supe al instante que se trataba de uno de sus corderos. Él seguramente había retirado a su rebaño con prisas previendo la tormenta y el pequeño se había despistado. Ahora el pequeño animal pedía ayuda con todas sus fuerzas, paro ni su pastor ni sus compañeros estaban ahí para escucharlo. Por eso lo perseguí hasta alcanzarlo y me lo llevé conmigo. Una vez seco y colmado de flores secas ya no lloraba. Sólo miraba de un lado a otro preguntándose dónde estaba, quién era yo. Y a mí me hubiese gustado preguntarle cómo es su casa y cómo es él cuando nadie lo mira. Pero simplemente nos acurrucamos ...