jueves, 21 de abril de 2016

Brebaje curativo II

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La pelirroja alargó el brazo hasta poder remover dentro de una pequeña caja de ébano. Si tenía suerte, quizás todavía quedase algo… TinHinan tenía la vista perdida y no reaccionó hasta tener justo delante de las narices el trozo de chocolate que Azafrán le tendía. Le sonrió al cogerlo y le dio un bocado.

- No estoy nada acostumbrada a estas… atenciones. He estado toda mi vida rodeada de tíos y lo más bonito que han hecho por mí cuando tenía la regla ha sido evitarme como si estuviese apestada – Azafrán también comía chocolate.

- ¿Por eso me tratas así?

Qué pregunta tan incómoda. Azafrán había sido especialmente dura con ella y en aquel instante se sentía fatal por ello.

- ¡No! Bueno… no sé. Supongo que te trato así porque soy desconfiada en general. Además, no estoy acostumbrada a… fiestas de pijamas de chicas y cosas así, ¿sabes?

Tin Hinan volvió a guardar silencio, como perdida en sus propios pensamientos. El ambiente en la habitación había cambiado radicalmente y Azafrán se sentía… extraña. El calor de las semillas del saco de térmico, de la infusión, de una palabra amable, de algo parecido a una amiga… resultaba reconfortante y extraño a la vez. Como si estuviese metida en la piel de otra persona, como si no fuese ella misma. Aquella tipa azul era rara y misteriosa, muy diferente a cualquier otra persona que hubiese conocido antes. Y eso despertaba sentimientos encontrados bajo su pecho.

- Cuando me recogisteis… ¿recuerdas lo que dijiste?

Azafrán se sorprendió con la pregunta.

- Pues… no, la verdad es que no. Que si querías venirte con nosotros, supongo.

- Me dijiste que no me ibas a entregar. Que me dabas tu palabra de que no ibas a hacerlo - TinHinan levantó la vista hasta mirarla a los ojos- . Y vi en tus ojos que lo decía de verdad, que creía en lo que estabas pronunciando, que respaldabas cada una de tus palabras con tus valores personales. Me diste tu palabra porque eres noble de corazón, porque  crees en el compromiso y en el honor. Y por eso yo acepté. Sabía que no me mentías.

Azafrán no sabía si sentirse incómoda o halagada, pero no pensaba tomárselo demasiado en serio.

- Seh. No me hubiese jugado mi palabra con una mentira de mierda como esa…

- Lo sé. Y respeto que quieras esconder esa parte de ti, así que… simplemente te pido disculpas por haberla descubierto.

Parecía haber un tono sinceramente conciliador en sus palabras, pero eso no evitaba que la pusiesen nerviosa. ¿Realmente estaba intentando ser su amiga? ¿Serviría de algo seguir resistiéndose? La miró largamente, evaluando. TinHinan parecía tan aguda, tan rápida… muy capaz de leer más allá de cualquier palabra y cualquier gesto. Seguramente ya tuviese una idea bastante clara de cómo había sido la vida de Azafrán. Qué tendría de malo añadirle a la historia los pequeños detalles…

- No, da igual. ¿Sabes por qué me jode? Porque tienes razón. Nací en MolrFort, en una familia acomodada, nunca me faltó de nada... ¡la pequeña de tres hermanos, imagínate! Una cría perfecta, muy querida y mimada. Pero luego crecí y mis sueños pasaron a ser, por así decirlo… bueno. No eran lo que esperaban mis padres.

- Suele pasar. – TinHinan escuchaba con atención.

- Siempre me quedaba anonada cuando montaba en el E-Motion con mi padre. Fantaseaba preguntándome cómo sería la sensación de estar a los mandos de aquél vehículo intercontinental de cuarta generación. Cómo sería ponerlo a máxima potencia y dejarlo correr. Dejarlo correr como un caballo desbocado, sin frenos, sin fronteras, sin límites, sin metas, cruzando el horizonte una y otra vez, sin mirar atrás. Eso por supuesto, nunca ocurrió… de hecho nunca toqué el E-Motion de mi padre. Pero sí el de mi hermano… se lo compraron al cumplir dieciocho y sacarse el carné de conducir. Yo sólo era una cría chiflada con once años recién cumplidos a la que le hacía TANTA ilusión… no le dejé a mi hermano ni siquiera terminar de explicarme cómo funcionaban los mandos. Había imitado tantas veces aquellos movimientos que sabía perfectamente lo que hacer. Y así es como ya me eché a perder para siempre… en poco tiempo corrió la voz de que conducía muy bien… ¡y sin licencia!
» Allí es tradición, cuando una chica cumple catorce años, regalarle un tipo de muñeca especial y pasar a considerarla adulta. Yo, como todas, me moría por tener mi muñeca, cara y delicada. Una muñeca de adulta. De hecho, tenía incluso un aerodeslizador a escala esperándola, lo había construido usando la de mi hermana como referencia de tamaño. Pero una semana antes de cumplir los catorce, mi padre me llamó a solas para hablar seriamente conmigo. Me dijo que ya tenía edad para empezar a decidir lo que sería de mi vida, y que después de mucho pensarlo, había decidido ser condescendiente conmigo y darme dos opciones. Podía coger mi muñeca y aceptar mi lugar en la sociedad, renunciando a comportarme como un “chicazo”, como él decía. O podía ingresar en la academia de vuelo de las Fuerzas Armadas, renunciando a mi nombre, a mi apellido y dándole la espalda a mi familia para siempre.
» Fue una decisión dura de comunicar a toda la familia; pero no difícil de tomar. Mi padre tenía contactos… conocía a gente influyente. Recibí una Identificación Personal con mi nuevo nombre y mi nuevo apellido, todo legal. Y en ese momento decidí que jamás volvería a cambiar de nombre, porque jamás volvería a tener uno. Yo soy yo misma y punto. Digan lo que digan los papeles, el ADN o mi rango militar. Por eso dejo que cada cual me llame como le dé la gana. Sé lo que he sido hasta el día de hoy, y qué quiero ser el día de mañana. Cómo me llamen… no cambia nada.

TinHinan esbozó una sonrisa y alargó una mano para estrechar la de Azafrán. No estaba sorprendida por el relato, pero sí por el hecho de que Azafrán se hubiese soltado a contarlo. Era tan directa, tan indómita e impulsiva. Recelosa como un animal salvaje… pero también generosa e intuitiva, capaz de entender que ella no quería hacerle daño.

- A mí Azafrán me parece que te está perfecto…

Y la piloto le devolvió la sonrisa.


miércoles, 20 de abril de 2016

Brebaje curativo I

Azafrán apoya la pálida luz de su linterna por el suelo del transbordador espacial. Lo conoce como la palma de su mano: cada desnivel, cada esquina, cada escalera… y sin embargo siempre hay que tener cuidado. Las sacudidas y las maniobras bruscas a menudo dejan caer objetos al suelo: mangueras eléctricas, cajas, un vaso. Es algo imprevisible. Incluso los muebles atornillados se sueltan. Un campo de batalla con gravedad artificial por el que avanza, dirigiéndose hacia el dulce ronroneo del motor. Un giro a la derecha y ya está dentro de la pequeña salita de los trastos. Es el lugar ideal para encontrar la tontería perfecta para matar las horas de insomnio y olvidar el dolor por un rato. Un libro, un videojuego o un viejo cuaderno; cualquier cosa mejor que quedarse dando vueltas en la cama.

Palpa el panel derecho y en un momento se hace la luz, pero antes de que sus pupilas puedan contraerse ya sabe que no está sola. Sólo necesita unas décimas de segundo para dejar caer la linterna y desenfundar una pequeña navaja de mano.

- ¿Pero qué coño…? – Pregunta en voz alta, con el corazón bombeando adrenalina a toda prisa por sus venas, tensando el brazo con el que sostiene la cuchilla- ¡Ah, joder, eres tú! Me has dado un susto de muerte, mierda...

No tarda en reconocer la figura que está sentada en el suelo con las piernas cruzadas y las manos caídas relajadamente sobre las rodillas. Es esa médico marciana tan rara. No le gusta. No se fía de ella.

- ¿Acostumbras a llevar una navaja en el pijama? – TinHinan apenas levanta la vista para mirarla a los ojos.

- ¡Cállate! – Azafrán se siente estúpida, tensa y recelosa como un conejo –  Aquí las preguntas las hago yo. ¿Qué demonios haces ahí plantada a oscuras a estas horas? ¿Estás mandándole un mensaje a Buda o estás esperando a matar del infarto al primer capullo que pase?

- Medito... estoy aquí porque este habitáculo está más cerca de la sala de máquinas y no está tan frío como mi habitación, que es para morir de hipotermia. Estoy a oscuras porque mis ojos ven de sobra con la décima parte de luz que los tuyos. Y además, no necesito luz para meditar. Sería un gasto de energía inútil. Espero que eso responda a tus preguntas.

Ah, sí, esos jodidos ojos sin pupilas, tan precisos, agudos y perfectos.

- (Ya, claro. Un asesinato sin sangre ni heridas. Y parecía tonta la marciana…) – la piloto maldice por lo bajo mientras remueve algunos cajones cargados de trastos inútiles.

- ¿Farfullas de mal humor porque no puedes dormir? – la alienígena siempre con su tono tranquilo y monocorde, capaz de sacar de quicio a cualquiera.

- Claro, sí, exacto. Mira qué buena asesina-vidente eres.

- ¿Puedo ayudarte en algo? – TinHinan descruzó las piernas y estiró los brazos por encima de su cabeza.

- Pues mira, la regla me está matando. Quizás podrías hacerme un extirpado general y dejaría de dolerme como si me hubiesen dado una paliza – primer día de menstruación, Azafrán no tiene paciencia para nada.

- Entiendo – dijo mientras se ponía en pie y se acercaba –. Sí que puedo darte algo para el dolor – ahora Azafrán la tenía muy cerca, cotilleando impertinentemente por encima de su hombro.

- ¿Ah, sí, traficas con drogas? – Preguntó la piloto con sarcasmo – Un poco de morfina me vendría genial.

- Pensaba en algo más suave que la morfina… pero no menos eficaz. En un rato te lo llevo.

- Cojonudo… te espero en mi cuarto – suspiró cansada dejando caer el cajón de trastos de vuelta en su sitio –. Llevo la navaja, así que cuidadito con intentar envenenarme. Si no es un veneno rápido y fulminante acabarás peor que yo – la miraba profundamente mientras dejaba caer la amenaza que estaba totalmente dispuesta a cumplir. Pero aquella maldita matasanos ni siquiera se inmutaba, maldita sea.

- Tomo nota.


***


Azafrán se arrastró de mala gana de vuelta hasta su compartimento. Fría, mojada y estúpida. Así se sentía. Pero no le dio tiempo a autocompadecerse mucho. Todavía estaba acomodándose y tapándose en la cama cuando empezó a escuchar los pasos que se acercaban.

- ¿Estás ahí? – La médico se asomó tras llamar a la puerta – Mira, ponte esto aquí, está caliente… y esto para que te lo bebas poco a poco.

Se había arrodillado a sus pies para colocarle algo así como un saco térmico caliente sobre el vientre y le había dejado una taza humeante en las manos.

- ¿Qué clase de brebaje ponzoñoso de bruja es este? – Azafrán arrugó la nariz al meter el hocico en aquellas espirales de vaho cargadas de un olor extraño.

- Es… una infusión de hierbas medicinales. Es poco más o menos lo mismo, pero dicho sin desprecio. Tómala, te aliviará el dolor- TinHinan esbozaba una sonrisa algo ladeada mientras se sentaba a su lado y escurría los pies bajo la manta.

- Ahá… – fijó sus pupilas en el líquido aromático y parduzco.
Y la habitación se quedó en silencio. Azafrán sólo tenía una pregunta, pero no quiso hacerla en voz alta…

¿Por qué haces esto?

viernes, 15 de abril de 2016

Un hombre y su rifle



Un hombre y su rifle.





Bueno...





... quizás un rifle no sea lo más importante en la vida de un hombre.