jueves, 10 de marzo de 2016

El pasado militar de una piloto



Azafrán: Tú no sabes nada. No tienes ni puta idea.

TinHinan: Oh, claro que sé. Sé más de lo que piensas. Llevo una semana encerrada con vosotros. He visto, he oído. He aprendido.

Azafrán: ¿Sí, en serio? ¡No me digas! ¿Y qué coño se supone que te crees que sabes?

TinHinan: La muchacha sin nombre a la que su compañero llama Azafrán. Él no lo sabe, pero no pudo estar más atinado al escoger tu nombre. ¿Lo hizo porque tienes el pelo de color naranja? ¿O porque eres una especia rara y amarga, difícil de conseguir, pero cargada de beneficios inimaginables para aquellos que te buscan y tratan con paciencia? Te he visto pilotar, Azafrán. He visto cómo… mueves esta cafetera vieja y austera. ¿Dónde pudiste aprender a volar con una maestría así? Sólo en el ejército. Obviamente, no hay academias de vuelo civiles capaces de formar a una piloto como tú.

Azafrán: Oh, estupeeeeeeendo. Serví al ejército, como gran novedad de la tarde.

TinHinan: Por eso vas tapada cuando sales. No lo haces en privado ni con rigor, por lo que descarté que fuese por motivos religiosos. Simplemente es obvio que te movías por un ambiente en el que ser mujer no te suponía ninguna ventaja.

Rischa: Todos sabemos que estuvo en las fuerzas aeroespaciales.

Azafrán: Chúpate esa, listilla. Suenas como una novela barata de Conan Doyle.

TinHinan: Rischa, ¿quién fue Conan Doyle?

Rischa: Pues, em… no sé. Un tío que escribía novelas, ¿no? Eso acaba de decir.

TinHinan: Venís de escalones sociales muy distintos. Rischa ni siquiera sabe quién es, sería incapaz de una referencia literaria como la tuya. La boca te delata y te pierde, Azafrán. Deja ver que eres de buena cuna y que fuiste bien enseñada. ¿Por qué vagar por el mundo cuando una puede tener una vida cómoda y relajada en un planeta tranquilo? Estoy segura de que es el precio que pagas gustosa por poder volar libre.

Azafrán: No voy a oír una palabra más. Acabaré por entregarte a la justicia si no te callas.

Azafrán abandona airada el camarote y la habitación se queda en profundo silencio. Rischa deja pasar unos instantes prudenciales antes de volver a abrir la boca.





Rischa: ¿Y en serio puedes saber todas esas cosas… sólo con mirar a la gente? ¿Tienes algo así como poderes o…?

TinHinan: Qué va… si los tuviese hubiese sabido cuánto le iba a doler lo de “cafetera voladora” y me hubiese ahorrado el odio eterno de Azafrán. Pero bueno, lo hecho, hecho está. Espero que algún día me lo perdone.

Rischa: No parece que vayas por buen camino provocándola de ese modo.

TinHinan: Sí, tienes razón. Pero siempre está a malas y chillándome y mirándome con odio. Me guarda recelo, como si fuese a apuñalaros por la noche mientras dormís. Sin más. Es tan absurdo.