miércoles, 12 de agosto de 2015

Tágrada, ¿qué comes?





Rischa: ¿En serio no quieres probar la brocheta? Eso que comes tiene tan mala pinta... ¿qué demonios es, aire hervido en agua sin sal?

TinHinan: Si pudiese vivir de agua y sales minerales sería una planta... y no es el caso. Como muchas más cosas, claro. Os sorprendería la cantidad de cosas que puedes comer sin tener que quitarle la vida a nada. Coger fruta no mata al árbol, tomar leche no mata al animal…

Azafrán: Entonces, técnicamente… podrías arrancarle una pata a un cangrejo y comértela, ¿no?

TinHinan: Ser tágrada no es una religión, y por eso no nos permitimos llegar a ese tipo de límites que rallan el absurdo. Esto es una elección moral, totalmente voluntaria y fuertemente ligada a la no violencia. Quiero decir que… no mutilaría a nadie para comérmelo. No somos extremistas chalados movidos por lo que decimos que dice una voluntad superior. Simplemente respetamos la vida. Es sencillo.

Rischa: ¿Y si nunca has comido carne, cómo sabes que no te gusta?

TinHinan: Sí que he comido carne. No me gusta a lo que sabe.

Rischa: ¿En serio?

TinHinan: Fue durante la Gran Guerra de Nïm, en un invierno que duró tres años. Cada uno de ellos, con seis meses de luz y seis meses de sombra. Yo me ocupaba de los civiles, hacinados en un campamento insalubre que estaba en un valle helado entre dos montañas. Mi equipo y yo habíamos llevado complementos vitamínicos, medicamentos… al principio el problema eran los enfermos y heridos, víctimas de la guerra y de las condiciones insanas.  Pero había algo bastante más peligroso acechándonos a todos: el hambre. Las reservas menguaron hasta desaparecer, y aquellos hombres pescaron, cazaron y arrancaron cualquier cosa comestible hasta prácticamente esquilmar toda la zona.
Para cuando decidieron ceder a la única opción viable de supervivencia ya se habían dado cuenta de que no tenían a nadie que supiese… tratar con aquello. Cosas básicas como quitar la piel, separar las diferentes partes… probablemente el verbo adecuando sea “despiezar”. Así, era la médico de aquella gente hasta que llegaba el turno de ser su… carnicera. Les enseñé a cocinar a la temperatura suficiente para eliminar cualquier posible agente nocivo y comí con ellos aquel… estofado durante días y días y días... la carne sólo sabe a muerto.

Rischa: Em… bueno, creo que ahora es cuando te pido disculpas por haberte hecho sacar la anécdota traumática.

Azafrán: A mí se me ha quitado el apetito…

TinHinan: Oh, no… no os preocupéis, no pasa nada. Salvé al mayor número de personas posible teniendo en cuenta los recursos de los que disponía. Hasta saqué de aquella con vida  a Kella… son cosas que pasan.

Azafrán: Jo-der… ¿te llevaste a Kella?

TinHinan: ¿Qué?... oh, vamos, la recogí allí. Apenas era un cachorro, pero aquella gente sólo veía cinco kilos de carne en ella. Me la metía en la chaqueta mientras dormía por las noches.

Rischa: Vaya par de pelotas que tienes…

TinHinan: Realmente no fue para tanto. Ellos sabían que me necesitaban con vida. Si le hubiesen hecho algo a la loba…

Azafrán: Ibas a defenderla con uñas y dientes, ¿eh? Sabía yo que, aunque no lo parezcas, eres una mujer de carácter.

TinHinan: En absoluto, creo que no es como piensas. Mi plan hubiese sido simplemente perderme en la nieve a llorar su pérdida hasta volverme una con aquel paraje helado. Eran días tan crudos y miserables que habría sido incapaz de añadir más violencia a la vida de aquellos pobres desgraciados. Bastante triste era ya ver cómo la necesidad transformaba a hombres en alimañas.

Rischa: Qué… qué…

Azafrán: Qué magnánima. Esa es la palabra que buscas, Rischa. Sepas o no lo que significa. Y cuidadito que parece que estás hablando con la reencarnación de Buda.

Rischa: Ya veo…

Azafrán: ¿Ves? Te dije que era una médico de las chungas. Yo tenía razón y tú no.