miércoles, 24 de junio de 2015

Princesa Dererika


Dererika

La ley de mi pueblo es clara: el monarca que no respeta a los suyos ni cuida de ellos, debe morir.

Y es deber de sus herederos o, en su defecto, de sus consejeros poner fin a su reinado de negligencia.

Sin embargo mi padre vive cómodamente, tranquilo porque sus allegados son serviles aduladores y no tiene ningún heredero varón.

Tan obtuso, tan ciego, tan estúpido... no alcanzará a ver mi lanza antes de que le atraviese el corazón.