domingo, 7 de diciembre de 2014

Artyom, mentiroso profesional



Soy un mentiroso profesional. Un auténtico traficante de sonrisas y lágrimas. A veces las quito, a veces las doy. Pero nunca son mías.



El escritor puede desahogar todas las turbaciones de su alma trazando palabras con una pluma, así como el pintor da formas y colores a sus sentimientos sobre el lienzo. Yo, en cambio, no tengo derecho a manifestar mis propias emociones. Porque le presto mi voz, mi cuerpo y mi alma a otros. A otros que nunca conocí… a otros que quizás nunca fueron. Pero que viven dentro de mí.



Así, he sido un rey, una princesa del espacio profundo, un poeta, un asesino. Mis hijos han tenido mil nombres y mil caras. Así como mis esposas, mis mejores amigos… y mis archienemigos. Los he besado, los he vengado, los he traicionado y los he amado a todos ellos día tras día. Noche tras noche. Una y otra vez, en un ciclo que parecía no tener fin… 



Pero un día desaparecen, todos ellos. Y yo soy alguien distinto, moviéndome por una ciudad totalmente nueva. Ya no recuerdo quién fui hace un mes, hace una semana… o hace unas horas. Sólo conozco aquello que me rodea, a aquellos quienes me rodean.



Hay quien piensa que mi mundo es un sueño. Y, aunque no lo es, precisamente mi trabajo consiste en que lo parezca.



Pero para construir los sueños hace falta mucho esfuerzo, mucha dedicación, muchos sacrificios. Por eso éste no es un oficio frívolo, como otros creen. Todo lo contrario, tengo una gran responsabilidad: rescatar a una y cada una de las personas que se acercan a mí de sus vidas cotidianas. Hacerles olvidar sus problemas, aunque sea por un instante, y guiarles de la mano hasta lugares maravillosos, más allá de este mundo… bosques que sólo la imaginación conoce, castillos de cartón, estanques de humo.



Y no importa si me agrada o duele. No importa si me es dulce o amargo, si estoy triste o estoy contento. A veces, simplemente hay que improvisar…



Porque la única verdad que existe, es que el espectáculo debe continuar.